La pregunta

 

  1. Quién se equivoca
  2. El colonialismo
  3. El partido
  4. La humildad
  5. El cuidado de la vida
  6. De nuevo Kusch
  7. El lobo
  8. El pueblo

 

 

 

 

1.

Se empezó a atisbar la pregunta: ¿es una cuestión ideológica, quizás moral? ¿es posible que el pueblo se equivoque? ¿estamos equivocados?

En esas preguntas radica una cuestión indispensable, a priori, necesaria de debatir: ¿si pensamos que el pueblo “se equivoca”, entonces, “nosotros” qué somos?

La sensación de separación que genera la escena política le demuestra a cada sector de la población que no tiene -no tenemos- una verdad absoluta.

2.

Una vez más, la ruptura no es entre los grupos sociales según sus condiciones materiales de vida, como se esperaba que fuera. Es entre el pueblo, cansado, que espera entre enojo, ansiedad y angustia un respiro de la injusticia que se profundiza, y quienes se encargan de que mientras tanto perdamos soberanía.

Los enemigos de la patria, de la posibilidad de construir comunidad -comunidad que sea virtuosa y solidaria- son realmente muy poderosos. Si hubo Braden o Perón, deberá haber lecturas sobre la directa, explícita intervención de actores estadounidenses y de las grandes fortunas del mundo en la política argentina actual. La posibilidad de resistir con firmeza frente a tendencias coloniales, imperialismos globales y recuperar la dignidad, no sucederá en términos del fin de la autoculpable minoría de edad para darnos nuestra propia ley, como diría Kant, sino en términos mucho más simples, amables y hasta teológicos. Se trata de pan y tierra, como nos dice Fanon, del trabajo digno y la virtud espiritual, como nos indica la doctrina justicialista.

3.

Los postulados decoloniales de Fanon (1961), observando a América del Sur y los procesos de descolonización en África y Asia durante la Guerra Fría, hacen un llamado de atención a la situación a la que pueden verse sujetos los partidos nacionalistas una vez que se encuentran en situación de poscolonialidad. Su advertencia, que no será interpretada, comparto a continuación para reflexión del lector:

“Existía durante el período de lucha por la independencia un partido que el dirigente actual dirigió. Pero el partido se ha desintegrado lamentablemente desde entonces. No subsiste el partido sino formalmente, nominalmente, por su emblema y su divisa. El partido orgánico, que debía facilitar la libre circulación de un pensamiento elaborado con las necesidades reales de las masas, se ha transformado en un sindicato de intereses individuales. Después de la independencia, el partido no ayuda ya al pueblo a formular sus reivindicaciones, a cobrar mayor conciencia de sus necesidades y a asentar mejor su poder. […] Después de la independencia, el partido se sumerge en un letargo espectacular. Ya no se moviliza a los militantes sino para las manifestaciones llamadas populares, las conferencias internacionales, las fiestas de la independencia. Los cuadros locales del partido son designados para los puestos administrativos, el partido se convierte en administración, los militantes entran en el orden y reciben el título vacío de ciudadano. […] El partido se convierte en medio del éxito individual. No obstante, existe dentro del nuevo régimen una desigualdad en el enriquecimiento y el acaparamiento. Los privilegios se multiplican, triunfa la corrupción, las costumbres se corrompen”.

4.

Sólo propongo más humildad: intentar reconocernos en quien tenemos al frente.

Si consideramos que no es posible pensar lo político desde el individuo autónomo, el individuo como unidad protagonista y prioritaria del pensamiento político, e interesa construir partiendo de la noción de comunidad, entonces no es posible tampoco partir de la idea de que nuestra percepción de la realidad es objetiva y absoluta. Es indispensable reconocernos insuficientes y al servicio, por más que le duela al ego intelectual, a la necesidad de depositar en alguien el odio o de encontrar una razón última. Estoy hablando de los libertarios, estoy hablando de los kirchneristas, estoy hablando de quienes no se consideran nada de todo eso, estoy hablando de mí, de quien sea que lee.

Dirán Scannone, Mareque y Casper (1984) que debe entenderse al pueblo como categoría cultural y como condición material: son todos aquellos que buscan la justicia y quieren vivir en libertad, los que sufren las consecuencias de la desigualdad y la explotación. Es, a su vez, un sujeto cultural con una forma específica de vida, vinculación con los demás, Dios y la naturaleza. El pueblo argentino requiere pensar en una noción de mestizaje entre lo cristiano-europeo y lo originario-pagano, no es ni uno ni lo otro, es algo nuevo, y su particularidad respecto al resto de América es el fenómeno histórico del peronismo, el movimiento peronista, el justicialismo. Refiriendo a Fanon una vez más: el poderío occidental que nos colonizó en su momento, y continúa operando por supuesto en dominación, intentará fomentar las divisiones internas y tribales de las poblaciones nacionales. La pregunta es de qué manera podemos evitar convertirnos en enemigos si somos vecinos.

Navegamos, inevitablemente, el destino del pueblo argentino, en diálogo con el anarco-libertarianismo y el avance de los dueños del mundo contra los pueblos en una distópica alianza que experimenta con nuestras tierras.

5.

Los postulados liberales sostienen que la protección del libre mercado debe ser a todo costo, en el libertarianismo plantean la necesidad de eliminar todo lo que pueda ser colectivo (entendido como lo público-totalitario) a menos que sea en pos de la acumulación capitalista -también dirigida a concentrarse en dueños del mundo que miran salivando la Patagonia. Llevan al extremo las lógicas del olvido de lo orgánico: no hay ser humano que sobreviva sin cuidado, no hay sujeto que sea posible sin comunidad, no hay posibilidad de comunidad sin cuidado del entorno que nos permite estar en vida.

La tragedia que nos sucede, Perón la postuló como: “la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobreestimación de la tecnología” (Perón, 1972). La destrucción por el despilfarro, las descabelladas concepciones del ser humano como algo separado o autónomo del medio ambiente que lo constituye, y el llamado político indispensable de “cuidar nuestros recursos naturales con uñas y dientes de la veracidad de los monopolios internacionales que los buscan para alimentar un tipo absurdo de industrialización y desarrollo en los centros de alta tecnología adonde rige la economía de mercado” (Perón, 1972).

6.

Hacerle preguntas a los libertarios es hacernos preguntas sobre la vida, otra vez desde un plano del estar y no del ser, en términos de Kusch. Cada vez es más evidente la dificultad para dimensionar la cantidad de billones acumulados de los dueños del mundo, se pierde la relación con lo material-terrenal, no sólo en el habitar el mundo en pantallas si no en la pérdida de la noción de la abrumadora desigualdad, como aprendiendo a manejar un auto ¿está lejos o está cerca el árbol? Es necesario volver a lo telúrico para poder reconocernos en hermandad con aquel que está más cerca que lejos, para poder develar a aquellos que efectivamente se benefician de estas disputas dolorosas al interior de nuestro pueblo, mientras se encuentran lejos, muy lejos.

La acumulación como modelo hipnotizante para ser alguien, se contrapone a la suavidad del estar, el aquí y el ahora, el respiro en el cuerpo, el cebar el mate, la tierra y el pan, en palabras de Fanon, la pesadez de la contemplación del caos del universo en contraposición al intento occidental de transformar y controlar, dominar el mundo, en términos de Kusch.

Se preguntaba en 1949 Perón: 

¿La felicidad que el hombre anhela pertenecerá al reino de lo material o lograrán las aspiraciones anímicas del hombre el camino de perfección?

Sí se debe considerar el plano material, y sí se debe considerar el plano simbólico-ideológico, y también el moral espiritual. El mejoramiento de las condiciones de vida devendrá de la solidaridad, el servicio, el constante recordatorio de la finitud de la vida y de la aceptación de la imposibilidad del ser humano de controlar una realidad incomprensible para sus capacidades racionales y que le excede misteriosamente.

7.

Sí creo que existen cuestiones ideológicas y morales en disputa. No creo que el estado de naturaleza de Hobbes sea algo incorrecto ni tampoco inevitable, pero sí que es algo posible. La amenaza de la crueldad, del hombre siendo el lobo del hombre, desgraciadamente, es innegable en la violencia histórica y la actual, y estoy hablando de Gaza, Sudán, los levantamientos en Asia, la violencia del endeudamiento, los narcoestados, el desprecio de las vidas y los territorios. Que este mundo está sangrando, de verdad que no podría negarse, ¿no?

8.

Sin embargo, podría llorar de emoción por cuánto observo también de bondad. Y si bien tal postulado no es riguroso ni técnico, apostaría por buscar y encontrar esa realidad: en la que se puede efectivamente construir desde la solidaridad, una comunidad virtuosa, trabajo, dignidad, derechos. La espiral del tiempo me lleva a pensar en las clases de historia de principio de año sobre la década infame y más luego el peronismo. El impacto, la potencia. Del esfuerzo humano dirigido a construir hospitales, escuelas, infancias cuidadas, vidas alegres. No es cierto que hay que sacrificarlo todo por un poco de paz, así nos tienen a los golpes, cediendo a estas alternativas distópicas de realidad.

No creo que el pueblo se equivoque, creo que no estamos sabiendo ver a nuestro enemigo -no son los mileístas ni los kirchneristas – son esos cuervos que nos sobrevuelan para explotar, extraer, esclavizar. Y a esas crueles personas también les falta: la comunidad virtuosa, el vínculo con la tierra y el cuidado, el amor, la rendición ante la muerte como inevitable, la trascendencia.  Resuenan por supuesto en nuestros compatriotas y muchos se verán tentados a la traición, he allí la advertencia de Fanon y una responsabilidad que es colectiva… Muchos estaremos equivocados. Me interesa más entender que probarle al otro que está equivocado.

Por último, para no caer en lo dogmático, -de verdad, evitemos caer en lo dogmático- y partiendo de este intento de eliminar esa demarcación del pueblo como algo externo, ajeno, considerándome parte de ese pueblo, si yo puedo estar equivocada, entonces podemos estar equivocados, y el pueblo puede equivocarse. Supongo que por eso es tan importante el perdón: más que para juzgarnos estamos para salvarnos. Que esa sea la tarea.

 

 

Referencias

Fanon, F. (1961). Los condenados de la tierra. 

Hobbes, T. (1651). Leviatán.

Kant. (1784). ¿Qué es la ilustración?

Kusch, R. (1999). América Profunda.

Perón, J.D. (1949). Discurso pronunciado el 9 de abril de 1949. Archivo General de la Nación.

Perón, J.D. (1972). Mensaje ambiental a los pueblos y gobiernos del mundo.

Scannone, J.C. (1984). Sabiduría Popular, Símbolo y Filosofía. Diálogo internacional en torno de una interpretación latinoamericana.

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